El Origen

Nuestra empresa se ubica en Cervera del Río Alhama, un pueblo pequeño en el corazón del Valle del Alhama, donde la tierra y las manos han trabajado juntas durante generaciones.

Este valle, declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO, fue el lugar donde comenzó en España la industria alpargatera, ligada al cultivo y al tratado del cáñamo con el que se elaboraban las primeras suelas. Aquí, la alpargata no es una moda pasajera: es identidad, es memoria y es oficio.

Cervera es considerada la cuna de la alpargata en nuestro país. Durante décadas, era habitual ver a vecinos sentados en la puerta de casa, cosiendo en la calle y compartiendo conversación mientras daban forma a cada par. La alpargata formaba parte del paisaje y de la vida cotidiana.

Cada puntada sostenía la economía familiar, pero también fortalecía los lazos de una comunidad que creció alrededor de este oficio. Esa herencia es la que sentimos como propia.

Salvi Calzados actualmente

Nuestra familia creció dentro de ese entorno. Nuestros abuelos estuvieron siempre ligados a la alpargata, dedicados a la fabricación de suelas de yute cuando este trabajo era mucho más que una profesión: era una forma de salir adelante con constancia y dignidad. De ellos heredamos el respeto por el oficio y la importancia de hacer las cosas bien, sin atajos.

La segunda generación fue la que, en 1993, dio el paso de fundar la empresa tal y como la conocemos hoy. Partimos de la alpargata clásica, la de siempre, y desde ahí fuimos evolucionando: incorporando nuevos tejidos, pieles, alturas y diseños, pero manteniendo algo que nunca ha cambiado; el cosido a mano y el respeto por los materiales naturales.

Con el tiempo también sumamos la fabricación de zapatillas de invierno, aplicando el mismo cuidado, la misma atención al detalle y la misma búsqueda de comodidad que siempre hemos defendido en nuestras alpargatas. Porque, sea verano o invierno, nuestro objetivo ha sido siempre el mismo: crear un calzado confortable, natural y hecho con cariño.

Nuestro legado

Hoy una nueva generación trabaja con la misma ilusión que nuestros abuelos, aprendiendo del camino recorrido y aportando ideas nuevas para que la empresa siga creciendo y avanzando con paso firme hacia el futuro.

Hemos aprendido que avanzar no significa olvidar de dónde venimos. Por eso seguimos trabajando en España, apoyándonos en manos expertas —muchas de ellas mujeres de nuestra zona— que entienden este oficio como nosotros: con paciencia, con orgullo y en equipo. Apostamos por una producción cuidada, flexible y cercana, capaz de adaptarse a cada cliente sin renunciar a lo artesanal.

Hoy nuestras colecciones cruzan fronteras, pero nuestro núcleo sigue intacto. Somos una empresa familiar que cree en el trabajo bien hecho, en la tradición como punto de partida y en la innovación como camino.

Porque cuando alguien se pone unas alpargatas Salvi, no solo lleva un calzado cómodo y diseñado con mimo. Lleva un pedazo de Cervera. Lleva historia. Y camina con nosotros.